El abuso de los ancianos incluye más que el maltrato físico,
tal como el dar una golpe o amenazar con dañar.
La forma más frecuente puede bien ser la del abuso
financiero, cuando los proveedores del cuidado roban efectivo
o la joyería y/o trampean o amenazan a un anciano para
donar sus activos.
El abuso de los mayores incluye también a la negligencia
criminal, por la cual un responsable del cuidado priva
a alguien de medicina, alimentos, agua u otras necesidades.
El abuso de los ancianos cae dentro de las dos categorías
agresivas de “doméstico” e “institucional.” El doméstico
se refiere al abuso por parte de un miembro de la familia,
un amigo o responsable del cuidado quien se encuentra en el hogar. El institucional se refiere al abuso en las instalaciones
residenciales, tales como clínicas de cuidado, en donde los responsables del cuidado tienen una obligación legal o
contractual de proporcionar atención y protección.



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